Soy Egresado

Diciembre de 2016

Tema de la edición: Estudios de Género

Debatamos sobre género para influir en nuestra vida cotidiana

Por: María Jennifer Novoa Álvarez Economista y Antropóloga
mjnovoaa@unal.edu.co

Imagen 1. Afiches de las diferentes etapas en el proyecto, elaborados por una diseñadora y un diseñador de Bienestar Estudiantil a partir de las propuestas del grupo.
Imagen 2. Afiches de las diferentes etapas en el proyecto, elaborados por una diseñadora y un diseñador de Bienestar Estudiantil a partir de las propuestas del grupo.
Imagen 3. Afiches de las diferentes etapas en el proyecto, elaborados por una diseñadora y un diseñador de Bienestar Estudiantil a partir de las propuestas del grupo.
Imagen 4. Durante las consultas, Policarpa Salavarrieta, Totó la Momposina y Marie Curie fueron seleccionadas como las de mayor votación. Propuesta ganadora de David Montaña
Imagen 5. Primer afiche de convocatoria y plaza principal, central, Ché o Santander


Soy Egresada. Me pregunto qué sucedería si ese fuera el nombre de esta revista de la UN y no el actual Soy Egresado. ¿Sería acusada la UN de promover la tan temida ideología de género? Ese título estratégico usado para negar al pensamiento incluyente. ¿Se sentirían ignorados o traicionados los hombres egresados del alma mater? ¿Alguien se preguntaría porqué ese nombre en femenino, por las egresadas mujeres de la UN, por lo que las mujeres representan en la academia, en particular, y en la sociedad, en general?

Me gusta pensar que las personas nos preguntamos por todo aquello que sale de lo esperado (usar el masculino para designar lo genérico); más aún, que nos cuestionamos por aquello que pareciera mínimo, pero que atraviesa nuestro diario vivir por la forma en la que unas y otros ocupamos diferentes lugares simbólicos en la sociedad (¿seguimos asociando la casa a las mujeres y los espacios públicos, como la universidad, a los hombres?).

En este sentido, y gracias a las enriquecedoras discusiones que viví en las amplias zonas verdes del Campus, desde hace varios años, me cuestionó por el impacto que tiene en el imaginario sobre la academia y la vida profesional el hecho de que en las fotos de la UN, por ejemplo, del grado en la sede Bogotá, se repita el fondo escénico de los rostros de Ernesto ‘Ché’ Guevara y Camilo Torres Restrepo, sobre el Auditorio León de Greiff y la Biblioteca Gabriel García Márquez que se ubican en la Plaza Santander o Plaza Ché.

Siento que las mujeres no están siendo representadas en los referentes simbólicos de la UN, en aquellos espacios donde, en lo cotidiano, albergan a sus integrantes y construyen la imagen de la institución ante la mirada externa. He podido analizar elementos teóricos como la violencia simbólica de género (Bourdieu), así como estudios sobre la desigualdad de género en la Universidad: la masculinización de algunas carreras, el acoso sexual y la dispar participación en cargos directivos en favor de docentes hombres; a partir de lo cual me resulta evidente que la ausencia de mujeres referentes en la plaza central no es un hecho aislado ni neutral, en tanto que la presencia de las mujeres en la academia, continua siendo subestimada e invisibilizada.

La comunidad universitaria se suma a la preservación del status quo, por el cual las mujeres no son efectivamente reconocidas fuera de sus roles familiares (madre, esposa, hija, etc.). En Colombia, las profesionales mujeres reciben salarios inferiores a sus pares hombres, persisten los límites en los ascensos a nivel jerárquico, en gran medida el trabajo doméstico sigue siendo responsabilidad de las mujeres y, al preguntar de manera casual, las personas no reconocen personajes femeninos como influyentes es su vida profesional ni en su contexto histórico-social.

Un día decidí soñar con que hubiera el rostro de una mujer sobre el muro del Auditorio. No supe cuál escogería entra las tantas mujeres destacadas que podría nombrar en los campos académico, político y artístico, los cuales hacen parte del qué hacer de la universidad. Resolví hacer mi sueño realidad y dejar que la selección fuera el resultado de un debate sobre los referentes simbólicos en el Campus; algo diferente a lo que consideraba que pasaba (y pasa) cada vez que borraban y pintaban al Ché o a Camilo T. R. Quería y quisiera saber qué se preguntaría la gente al ver una mujer en la Plaza y qué les significaría para su experiencia profesional y personal.

Con el apoyo del programa de Bienestar Universitario: Mujer, género y diversidad sexual, coordiné durante 2015-II un grupo estudiantil, con el objetivo de obtener un diseño con mujeres, a partir de la consulta extendida a los diferentes estamentos de la UN1 . En las etapas de consulta sobre los referentes simbólicos actuales, mujeres representativas y diseños, participaron cerca de 2500 personas y se obtuvieron buenos comentarios sobre la pertinencia del proyecto. En 2016-II presentamos la propuesta para fijar en el Auditorio un pendón en banner con el diseño seleccionado, sin afectar el carácter de patrimonio nacional del edificio, de manera que pudiera fomentarse más ampliamente el debate que considero necesario; sin embargo, el proyecto fue rechazado por las directivas universitarias, casi al tiempo que grupos estudiantiles pintaban de nuevo al Ché y, de manera contestaría a aquello, a Jaime Garzón.

Con el grupo, seguiremos gestionando la propuesta, mientras que en espacios como esta revista y las redes sociales, al igual que tantísimas personas, busco llamar la atención sobre el modo en el que las desigualdades de género, que afectan las vidas de hombres y mujeres, se encuentran ligadas a detalles que podemos pasar por alto y que cuestionamos insuficientemente.

 


1 El proyecto fue adelantado por el grupo estudiantil de la Facultad de Ciencias Humanas y la Facultad de Artes, conformado por los estudiantes Camilo Arenales, Laura Mancera, Brandon Sandoval, Krish Gómez, Michelle Arraut y María J. Novoa, y acompañado por la profesora Esperanza Cifuentes del Departamento de Trabajo Social.